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TRANSFUGUISMO EN COLOMBIA. SALTO DE TALANQUERA EN VENEZUELA

       TRANSFUGUISMO EN COLOMBIA. SALTO DE TALANQUERA EN VENEZUELA

                                                                                                             Absalón Méndez Cegarra




La dinámica sociopolítica de Venezuela guarda una gran similitud con la de Colombia o a la inversa. En ambas naciones el comportamiento de la clase política tiene un gran parecido. La corrupción parece hermanar a los pueblos y, esa corrupción, tiene en varios países latinoamericanos un denominador común o un nombre propio: la izquierda latinoamericana.

Resulta difícil entender que la denominada izquierda latinoamericana, la cual ha llegado al poder en algunos países de América latina y el Caribe bajo banderas revolucionarias, haya lanzado a las alcantarillas el ideario político e ideológico que le abrió espacio en el mundo de las organizaciones políticas y cautivó a importantes sectores sociales en muchos lugares del planeta.

La izquierda latinoamericana en funciones de gobierno ha demostrado ser más corrupta que el conservadurismo o la derecha, así lo prueban los gobiernos de izquierda en países como Venezuela y Colombia, para no mencionar a Cuba y Nicaragua, ejemplos que no caben en ninguna ubicación, pues han resultado ser el oprobio de sus pueblos.

Como muestra de lo afirmado anteriormente podemos citar el robo cometido a manos llenas en la industria petrolera venezolana (PDVSA) y lo sucedido en la hermana República de Colombia, con una dependencia oficial denominada Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). En ambos países, la corrupción del liderazgo político y gubernamental no tiene límites, con una diferencia, quizá, pues, en Venezuela reina la impunidad total, mientras, que, en Colombia, todavía queda institucionalidad, hay separación de poderes y la Fiscalía y el CNE ejercen funciones de control, frenando la vocación totalitaria del presidente exguerrillero izquierdista, con ínfulas de redentor de su pueblo.

Otros elementos que guardan enorme parecido en el izquierdismo colombo-venezolano es el del multiempleo para determinados funcionarios. Tenemos funcionarios encargados de tres y más destinos o cargos públicos, algunos de ellos de ejercicio simultáneo incompatible por disponerlo así la Constitución y la Ley. El favoritismo y acomodamiento familiar es otro atributo de la izquierda en el poder, al igual que la creación de un entorno presidencial dotado de absoluto poderío e influencia, hecho que abriga dudas sobre el rol presidencial o quien, en verdad, ejerce la presidencia de la República.

Por todos estos elementos comunes no debe sorprender a nadie que el Ejecutivo de Colombia de un espaldarazo al Ejecutivo de Venezuela y asista personalmente o bajo representación a la probable toma de posesión de un usurpador del poder, autor del mayor fraude electoral cometido en Venezuela a lo largo de su historia republicana.

En fecha reciente, el Congreso Nacional de Colombia, según, a proposición del Ejecutivo, discutió un proyecto de ley favorable al transfuguismo, entendiendo por tal, el cambio de un parlamentario o parlamentaria de una organización política a otra, sin perder la curul parlamentaria, algo bastante común en la política criolla. En Venezuela, el transfuguismo colombiano recibe un nombre mucho más gráfico: “salto de talanquera”,

El “ salto de talanquera” en Venezuela no requiere de norma jurídica alguna, es común y frecuente, tenemos políticos y diputados que cambian de organización política con más frecuencia que cambiar de camisa, lo cual revela muchas cosas, entre otras, la inconsistencia ideológica y el oportunismo. Hay supuestos políticos nuestros que pueden pasar sin inmutarse de una organización política de ultraderecha a una de ultraizquierda y seguir como si nada, sin necesidad de ir muy lejos es la situación política que se vive en Venezuela y, posiblemente, en Colombia. El chavismo-madurismo no es una fuerza política propia, original y con ideología definida. El chavismo- madurismo se alimentó de la militancia de Acción Democrática, COPEI y residuos de socialismo, lo que dio origen al Polo Patriótico. Este bloque político, amalgama de distintas corrientes políticas, llevó al poder en Venezuela a Hugo Chávez; así, como el Pacto Histórico llevó al poder en Colombia, a Gustavo Petro.

En Venezuela y en Colombia, a pesar del arraigo histórico de conservadores y liberales y de socialdemocrátas, socialcristianos y socialistas, organizaciones políticas convertidas hoy en franquicias que se venden al mejor postor, tal es el caso de lo que se ha dado en denominar “alacranato”, una nueva figura política mediante la cual, con ayuda del Poder Judicial, se dividen partidos políticos, se reparten sus lotes y se inhabilitan otros, a los fines de cuadrar apoyos a cambio de cuantiosos beneficios económicos y de otro tipo. Estas prácticas políticas nefastas se exacerban en tiempos de contiendas electorales, buscando acomodación, por lo que la política antes de ser vocación de servicio es un negocio, una especie de oficio para vivir de los demás, sin trabajar, en especial del Tesoro Público.

En Colombia, el tema es la proximidad de las elecciones presidenciales del 2026 y la búsqueda de apoyos tránsfugas; y, en Venezuela, el anuncio de las mega elecciones de diputados, gobernadores, concejales y alcaldes anunciadas para el 2025, por lo que no importa el fraude electoral del 28J, lo importante es buscar acomodación política, a riesgo de fracturar la unidad democrática que concedió el triunfo presidencial a Edmundo González Urrutia. Así, es, el comportamiento de la izquierda y derecha política en América Latina. Ambas corrientes se manejan exactamente igual. Comparten la misma caja de herramientas del engaño, mentira y corrupción.

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