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LA GASOLINA: COMBUSTIBLE DE LA CORRUPCIÓN

                                   LA GASOLINA: COMBUSTIBLE DE LA CORRUPCIÓN

                                                                                                            Absalón Méndez Cegarra



Venezuela se ufanaba en el pasado de ser el primer país exportador de petróleo, tener las mayores reservas petroleras del mundo, ser miembro fundador de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y tener uno de los índices de ingreso per cápita más altos. Hoy, todos esos indicadores están por el suelo. La producción petrolera es mínima, no supera el millón de barriles diarios; las reservas petroleras existen, pero, se quedarán en el subsuelo, pues, la industria petrolera nacional no está en capacidad de explotarlas, ha sido convertida en chatarra; la OPEP, es una caricatura y la presencia de Venezuela en ella no cuenta para nada; y, el ingreso per cápita de Venezuela es de los más bajo, tanto nominal como realmente.

Durante mucho tiempo el país y sus residentes gozaron de ventajas comparativas en cuanto al precio de los combustibles para uso del parque automotor, fundamentalmente, gasolina y gasoil. Hoy, las cosas han cambiado radicalmente. La otrora Venezuela saudita es un remedo de país petrolero. No produce nada, todo lo tiene que traer del exterior. Venezuela, es un espejismo, todos los calificativos dados, como el de Venezuela potencia, se han quedado en frases altisonantes para el engaño y la mentira.

La gasolina barata o regalada ha desaparecido. El poco petróleo que se produce es para saldar deudas con los nuevos países “amigos” y para regalar a los países que forman la entente del mal. Los países “vividores” que vieron y ven a Venezuela como un maná caído del cielo, el cual hay que aprovechar al máximo hasta que se pueda, tal es el caso de la Isla de Cuba, a la que Venezuela le regala desde petróleo y energía eléctrica hasta alimentos y le compra desde supuestos profesionales de la salud y entrenadores deportivos hasta guardaespaldas, militares, servicios de inteligencia y mercenarios, amén, de la entrega de los Registros y Notarías y los Servicios de Identificación y Extranjería.

La gasolina en Venezuela se ha convertido en el combustible de la corrupción. El gobierno nacional ha sido sumamente inteligente en el montaje del entramado de la corrupción. Ha corrompido a sus bases de apoyo para que éstas, a su vez, apoyen la corrupción de las cúpulas gubernamentales y militares.

A los militares, les abrió los ojos y les despertó las ansias de ganancia fácil con el Movimiento Bolivariano 2000 y la “vaguada de Vargas”. Este desastre natural y social, manejado sin control alguno, permitió hacer uso de enormes cantidades de dinero, desviados a otros propósitos, no precisamente, humanitarios, razón por la que no se permitió la ayuda organizada internacional, entre ellas, la de los Estados Unidos de América.

A los civiles, los puso donde había dinero y creó toda una organización para su aprovechamiento indebido. A éstos los fue organizando en bandas delincuenciales: milicianos, colectivos, dueños de calle, vecinos cooperantes, etc.

De esa manera fue tejiendo la red de la corrupción. Una red integrada por grandes, medianos y pequeños corruptos y penetración en todos los sectores sociales del país. A este tejido social lo denominó Nicolás Maduro “emprendimiento”, una especie de licencia para robar, establecida primeramente por Chávez “Robar, no es malo”, dijo una vez el Comandante.

A los venezolanos nos cuesta un mundo entender los metas mensajes de la comunicación oficial, gubernamental. No entendimos debidamente cuando la propaganda oficial popularizó el cuento de el “petróleo es nuestro”, PDVSA, es “roja, rojita”, o, la industria petrolera es “socialista”. Con estos mensajes, el gobierno estaba informando al pueblo que el petróleo era de la cúpula militar y civil, no de los venezolanos, por eso han hecho de PDVSA su hacienda propia, se han llevado todo, bajo la firme creencia que el petróleo y sus derivados es de ellos, razón por la que no se consideran ni ladrones, ni corruptos, pues, con lo que es de uno, puede el dueño hacer lo que le parezca más conveniente.

La trama de la corruptela con la gasolina es particularmente interesante. A partir del momento en el cual se abandonó la política de mantenimiento y se acabó con la meritocracia en la industria petrolera, aparecieron las fallas de combustible. Cientos de mentiras se han utilizado como argumento para justificar el abandono o la entrega a las potencias amigas de la extracción y mercantilización del petróleo y de otros minerales.

Carlos Andrés Pérez fue sacrificado porque se le ocurrió la idea de incrementar el precio del litro de gasolina en 0,25 céntimos de bolívar; en cambio, Chávez dejó el país sin combustible y Maduro llevó el precio de la gasolina a valores internacionales y, aquí, no pasó nada, nadie cuestionó, ni hubo otro “caracazo”.

La comercialización del combustible en Venezuela es digna de ser estudiada a profundidad. Hay dos tipos de precio del litro de gasolina. Uno, subsidiado. Otro, dolarizado. Al primero, acude toda una gama de usuarios. Al segundo, quienes no pueden perder tiempo haciendo grandes filas para buscar turno, lo que no puede traducirse en tenencia de dinero.

En la gasolina subsidiada está la trama de la corrupción. Los concesionarios se acuerdan con militares de alto rango para que les llegue gasolina, a cambio, semanalmente, le entregan su tajada. Esta es la corrupción al por mayor. En el menudeo intervienen policías, guardias nacionales, colectivos y expendedores, quienes reciben su mesada y, la otra parte, está destinada a los choferes de transporte público, quienes pueden “tanquear” como ellos dicen, diaria o interdiariamente. Ellos vacían el tanque y venden la gasolina a precio internacional, no prestan el servicio público, pues, les resulta mejor vender la gasolina; y, los que prestan el servicio, incrementan el valor del pasaje argumentado el precio de la gasolina, cuando en verdad la reciben regalada.

Esto es lo que podría llamarse corrupción generalizada, impunidad y complicidad, o, mejor, la socialización de la corrupción. La corrupción, ahora, es socialista. La gasolina es un buen combustible para la corrupción.

Venezuela se ufanaba en el pasado de ser el primer país exportador de petróleo, tener las mayores reservas petroleras del mundo, ser miembro fundador de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y tener uno de los índices de ingreso per cápita más altos. Hoy, todos esos indicadores están por el suelo. La producción petrolera es mínima, no supera el millón de barriles diarios; las reservas petroleras existen, pero, se quedarán en el subsuelo, pues, la industria petrolera nacional no está en capacidad de explotarlas, ha sido convertida en chatarra; la OPEP, es una caricatura y la presencia de Venezuela en ella no cuenta para nada; y, el ingreso per cápita de Venezuela es de los más bajo, tanto nominal como realmente.

Durante mucho tiempo el país y sus residentes gozaron de ventajas comparativas en cuanto al precio de los combustibles para uso del parque automotor, fundamentalmente, gasolina y gasoil. Hoy, las cosas han cambiado radicalmente. La otrora Venezuela saudita es un remedo de país petrolero. No produce nada, todo lo tiene que traer del exterior. Venezuela, es un espejismo, todos los calificativos dados, como el de Venezuela potencia, se han quedado en frases altisonantes para el engaño y la mentira.

La gasolina barata o regalada ha desaparecido. El poco petróleo que se produce es para saldar deudas con los nuevos países “amigos” y para regalar a los países que forman la entente del mal. Los países “vividores” que vieron y ven a Venezuela como un maná caído del cielo, el cual hay que aprovechar al máximo hasta que se pueda, tal es el caso de la Isla de Cuba, a la que Venezuela le regala desde petróleo y energía eléctrica hasta alimentos y le compra desde supuestos profesionales de la salud y entrenadores deportivos hasta guardaespaldas, militares, servicios de inteligencia y mercenarios, amén, de la entrega de los Registros y Notarías y los Servicios de Identificación y Extranjería.

La gasolina en Venezuela se ha convertido en el combustible de la corrupción. El gobierno nacional ha sido sumamente inteligente en el montaje del entramado de la corrupción. Ha corrompido a sus bases de apoyo para que éstas, a su vez, apoyen la corrupción de las cúpulas gubernamentales y militares.

A los militares, les abrió los ojos y les despertó las ansias de ganancia fácil con el Movimiento Bolivariano 2000 y la “vaguada de Vargas”. Este desastre natural y social, manejado sin control alguno, permitió hacer uso de enormes cantidades de dinero, desviados a otros propósitos, no precisamente, humanitarios, razón por la que no se permitió la ayuda organizada internacional, entre ellas, la de los Estados Unidos de América.

A los civiles, los puso donde había dinero y creó toda una organización para su aprovechamiento indebido. A éstos los fue organizando en bandas delincuenciales: milicianos, colectivos, dueños de calle, vecinos cooperantes, etc.

De esa manera fue tejiendo la red de la corrupción. Una red integrada por grandes, medianos y pequeños corruptos y penetración en todos los sectores sociales del país. A este tejido social lo denominó Nicolás Maduro “emprendimiento”, una especie de licencia para robar, establecida primeramente por Chávez “Robar, no es malo”, dijo una vez el Comandante.

A los venezolanos nos cuesta un mundo entender los metas mensajes de la comunicación oficial, gubernamental. No entendimos debidamente cuando la propaganda oficial popularizó el cuento de el “petróleo es nuestro”, PDVSA, es “roja, rojita”, o, la industria petrolera es “socialista”. Con estos mensajes, el gobierno estaba informando al pueblo que el petróleo era de la cúpula militar y civil, no de los venezolanos, por eso han hecho de PDVSA su hacienda propia, se han llevado todo, bajo la firme creencia que el petróleo y sus derivados es de ellos, razón por la que no se consideran ni ladrones, ni corruptos, pues, con lo que es de uno, puede el dueño hacer lo que le parezca más conveniente.

La trama de la corruptela con la gasolina es particularmente interesante. A partir del momento en el cual se abandonó la política de mantenimiento y se acabó con la meritocracia en la industria petrolera, aparecieron las fallas de combustible. Cientos de mentiras se han utilizado como argumento para justificar el abandono o la entrega a las potencias amigas de la extracción y mercantilización del petróleo y de otros minerales.

Carlos Andrés Pérez fue sacrificado porque se le ocurrió la idea de incrementar el precio del litro de gasolina en 0,25 céntimos de bolívar; en cambio, Chávez dejó el país sin combustible y Maduro llevó el precio de la gasolina a valores internacionales y, aquí, no pasó nada, nadie cuestionó, ni hubo otro “caracazo”.

La comercialización del combustible en Venezuela es digna de ser estudiada a profundidad. Hay dos tipos de precio del litro de gasolina. Uno, subsidiado. Otro, dolarizado. Al primero, acude toda una gama de usuarios. Al segundo, quienes no pueden perder tiempo haciendo grandes filas para buscar turno, lo que no puede traducirse en tenencia de dinero.

En la gasolina subsidiada está la trama de la corrupción. Los concesionarios se acuerdan con militares de alto rango para que les llegue gasolina, a cambio, semanalmente, le entregan su tajada. Esta es la corrupción al por mayor. En el menudeo intervienen policías, guardias nacionales, colectivos y expendedores, quienes reciben su mesada y, la otra parte, está destinada a los choferes de transporte público, quienes pueden “tanquear” como ellos dicen, diaria o interdiariamente. Ellos vacían el tanque y venden la gasolina a precio internacional, no prestan el servicio público, pues, les resulta mejor vender la gasolina; y, los que prestan el servicio, incrementan el valor del pasaje argumentado el precio de la gasolina, cuando en verdad la reciben regalada.

Esto es lo que podría llamarse corrupción generalizada, impunidad y complicidad, o, mejor, la socialización de la corrupción. La corrupción, ahora, es socialista. La gasolina es un buen combustible para la corrupción.

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