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LARGO Y TORTUOSO ES EL CAMINO HACIA LA LIBERTAD

 

                                                                                                                    



 Absalón Méndez Cegarra. El camino hacia la libertad es largo y tortuoso.  Nelson Mandela, tituló su autobiografía, así: “El largo camino hacia la Libertad”. Tomamos en préstamo este título. Todos los pueblos que han aspirado a ser libres han tenido que desarrollar múltiples formas de lucha para conquistar la libertad. Venezuela, no ha sido la excepción. El imperio y la dominación tienen sus reglas. El opresor concede muy pocas salidas al oprimido.  La Sudáfrica oprimida por el imperio británico, creador de un mundo colonial, comenzó a despertar en tiempos de Nelson Mandela, hacia las décadas de los años 40 y siguientes. Y, aunque las comparaciones no suelen ser afortunadas, la historia de la Sudáfrica colonial guarda un cierto parecido, con la historia de la   Venezuela reciente.

En Sudáfrica, los blancos, es decir, el imperio británico, creó un sistema segregacionista que se denominó el “Apartheid”, sistema que separó a la población entre blancos y negros, para los primeros, los blancos, todo; para los segundos, los negros, nada. En Venezuela, el partido oficialista ha establecido algo similar. Un “Apartheid” entre ricos y pobres, entre afines y adeptos a su organización y opositores, entre quienes pueden organizarse políticamente y quienes no, entre habilitados para ejercer cargos públicos e inhabilitados  entre cuerpos armados, civiles y militares y la sociedad civil, entre revolucionarios y extremistas de  derecha, entre instigadores al odio y enamorados incondicionales, entre terroristas y no terroristas,  entre amantes de la paz y los amantes de la violencia, entre delincuentes y no delincuentes, entre amigos y enemigos, entre traidores a la patria y defensores de la patria, entre entreguistas y no entreguistas.  Toda persona que opine de forma diferente al pensamiento único oficial es privada de libertad, perseguida o exiliada, acusada de los más terribles delitos y llevadas a sitios de tortura, humillación, vejación y muerte.

Para lograr tal segregación se ha puesto en marcha una legislación que la permite y legitima, ley contra el odio, ley contra las organizaciones no gubernamentales, ley de las comunas, etc.  un brazo ejecutor representado por la administración de justicia en todos los niveles y una organización social que la facilita: vecinos cooperantes, responsables de calle, milicias y colectivos armados, es decir, todo un aparato de terror, que mantiene amedrantado y en silencio al pueblo oprimido y sin derechos.

Entre nosotros, al igual que los blancos ingleses, hemos ido creando progresiva y sistemáticamente un cuadro de condiciones que reduce a la miseria al pueblo venezolano. En Sudáfrica, el pueblo resultaba extraño en su propia tierra, especie de alienación, situación que se fue admitiendo como algo normal, pues la fuerza del opresor hacía que el negro admitiera su inferioridad respecto al blanco. En Venezuela, el pueblo oprimido ha tenido que optar entre el éxodo masivo o la permanencia en el territorio de manera sumisa.

El blanco, dominador al fin, fue creando un sistema económico, político y social excluyente, separatista en todos los sentidos, en la convivencia diaria, en el transporte, en el hábitat, en el acceso a los servicios, en las relaciones laborales, en las normas del vivir socialmente,  en el acceso a los cargos públicos, en la administración de justicia, en la participación ciudadana. Y, nosotros, debemos cuidarnos de nuestros vecinos y de circular por el territorio nacional, pues, no exponemos a ser acusados de terroristas, traidores a la patria, violentos, instigadores al odio, enemigos de la paz y mil delitos más, llevados al marco jurídico penal venezolano.

El negro en Venezuela puede ser cualquiera: blanco, negro, pobre, rico, niño, niña, adolescente, joven, hombre, mujer, adulto mayor. El “Apartheid” oficialista no mira para los lados.  La furia oficialista va con todo.

La autobiografía de Nelson Mandela, titulada, como hemos dicho: “El largo camino hacia la Liberta”, es un caudal de lecciones y experiencias para todos los pueblos del mundo, es un manantial de ideas y formas de lucha por la libertad, desde las no violentas hasta la lucha armada. Es el despertar de un pueblo en búsqueda de su libertad.  Mandela, en su Sudáfrica natal, al igual que Gandhi en la India, fue un defensor de la no violencia; pero, en varias ocasiones, se vio tentado a cambiar de tercio y enfrentar al opresor, al “Apartheid” de manera distinta ante la inutilidad de las modalidades no violentas.

Que hable, Mandela: “Un mes después de que recibiera la orden de proscripción- suerte de exilio en su propia casa, especie de ciudad por cárcel-  había de celebrarse la Conferencia del Transvaal del CNA (Congreso Nacional Africano). Ya tenía preparado el borrador de mi discurso como presidente, que fue leído en la sesión por Andrew Kunene, un miembro de la Ejecutiva. En aquel texto – resumido posteriormente bajo el lema “No hay camino fácil hacia la libertad”, una frase tomada de Jawaharlal Nehru – afirmaba que era necesario preparar a las masas para otras formas de la lucha política. Las nuevas leyes y tácticas del gobierno habían hecho que las viejas formas de protesta masiva – mítines públicos, declaraciones a la prensa, huelgas – resultaran extremadamente peligrosas y autodestructivas. Los periódicos se negaban a publicar nuestros comunicados y las imprentas a imprimir nuestros panfletos por miedo a ser perseguidos al amparo de la ley de Supresión del Comunismo - en nuestro caso es la ley contra el odio y la ley contra el terrorismo -. “Estos acontecimientos”, escribí, “requieren la adopción de nuevas formas de lucha política. “Los viejos métodos son hoy suicidas”. “El pueblo oprimido y los opresores están enfrentados. El día del ajuste de cuentas entre las fuerzas de la libertad y las de la reacción no está lejano.  No tengo la menor duda de que cuando llegue ese momento prevalecerá la verdad y la justicia…Los sentimientos de la población oprimida nunca habían alcanzado tal grado de amargura. La grave situación del pueblo le obliga a enfrentarse hasta la muerte a la repugnante política de los delincuentes que gobiernan nuestro país… Derribar a los opresores es algo que la humanidad aprueba, y es la más elevada aspiración de todo hombre libre” (Nelson Mandela. Autobiografía. P. 172.Edit. Aguilar, 2010)

La Sudáfrica de ayer, es la Venezuela de hoy. Mandela, pareciera estar vivo, hablándole al pueblo venezolano. Aportando ideas para la lucha social y política. Reclamando al liderazgo de la lucha social y política por la libertad en Venezuela su redefinición. No hay un único camino. Hay varios. Y, ciertamente, el camino es largo, pero, es el camino. El pueblo de Venezuela requiere con urgencia marcar el camino hacia la libertad.

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