TRUMP Y PUTIN: UN NUEVO REPARTO MUNDIAL
Absalón Méndez Cegarra
En momentos que la sociedad mundial daba por concluida la era de la bipolaridad (EE. UU – URSS), para impulsar la era de la multipolaridad, surge con furia una nueva versión de la polaridad y junto con ella un nuevo reparto del mundo, en palabras de Agustín Laje, “el globalismo” , es decir, “una ingeniería social y un control total en el siglo XXI”, que, acude a prácticas diversas, entre ellas: “la astucia del despotismo”, “el terror como forma política”, “el adoctrinamiento de masas”, “poder económico global”, poder financiero global”, “la cuarta revolución industrial”, “la agenda 2030” y “la guerra contra la natalidad”.
La comunidad internacional comienza a ver signos alarmantes del dominio de EE. UU y, ahora, de Rusia, en cabeza de los dos amos y señores del mundo: Trump y Putin, quienes en reunión próxima se darán el abrazo del oso para dar lugar a un pacto que permita la repartición del mundo.
Las potencias que surgieron en los últimos años, tal es el caso de los llamados “tigres asiáticos” y la Unión Europea, miran expectantes los sucesos, pues, mientras quisieron comprar y dominar el mundo sobre la base del comercio de mercaderías, EE. UU y Rusia, lo están haciendo de la manera acostumbrada, es decir, mediante la guerra y la dominación política directa.
La sociedad norteamericana y, por extensión, la sociedad mundial, en especial la regional latinoamericana y caribeña, abrigó esperanzas en el triunfo de Trump, como presidente de los EE.UU. La sociedad rusa ha establecido una dictadura de nuevo tipo con su presidente vitalicio, quien quiere ser el nuevo zar que reconstruya el imperio de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Estos dos totalitarismos que se disputan su hegemonía sobre el resto del mundo están enviando señales muy precisas de lo que será el horizonte mundial el cual vislumbraremos cuando Trump y Putin se encuentren cara a cara.
Por lo pronto, Rusia, en su búsqueda imperial, pretende apoderarse de Ucrania, una de sus hijas republicanas, quien optó por vida propia, independiente; y, al lograrlo, ahora con apoyo norteamericano, volverá a reunir a la familia de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Por su parte, Trump, cual capataz mundial, ha decidido abiertamente acabar con la guerra israelita, apoderarse de la Franja de Gaza, acabar, también, con la guerra Rusia – Ucrania y declarar la guerra a toda nación que se interponga a sus intereses de dominación imperial. Mientras tanto, en esta parte del mundo, regional suramericano, las cosas marchan de mal a peor, pues, países como Venezuela, con su pueblo sometido a un gobierno de facto y dictatorial, confió, ingenuamente, en la comunidad internacional, en especial en el gobierno de los EE.UU, tal “patio trasero” de los EE.UU, como siempre lo ha sido, en su ayuda y apoyo para salir de la dictadura, ahora, cívica, militar y policial, pues, la policía, anteriormente garante de la seguridad ciudadana, es, ahora, el terror de la ciudadanía , brazo ejecutor de la represión y sostén fundamental del gobierno de facto de NMM.
Hay un refrán popular muy sabio que reza así: “cuando uno no hace, le hacen”. Y, los venezolanos, desde hace tiempo, no hicimos lo que debíamos hacer, enfrentar al parasitismo político, acabar con las lacras (alacranes”) que se autocalifican de dirigentes políticos y enfrentar la dictadura en su propio terreno; es vedad, que le dimos el 28J una aplastante derrota, pero, permitimos el fraude, ganamos, más no cobramos el triunfo, en espera que una mano amiga internacional nos ayudara a cobrar. Hoy, vemos, como esa mano amiga se esfuma y la principal mano, la del gobierno estadounidense, comienza a darnos la espalda, negociando con el dictador, en procura de la defensa de sus propios intereses.
El primer atropello cometido es contra el pueblo hispano, el venezolano incluido, curiosamente, el que llevó al poder, por segunda vez, a Donald Trump. A este pueblo lo acusa de delincuente, lo priva de libertad y lo expulsa de su territorio. Venezuela, recibe a sus nacionales expulsados por el gobierno de los EE. UU, como héroes de guerra y, para justificar la expulsión, coincide con Trump en, que, en efecto, algunos de los desterrados son delincuentes. Resulta difícil entender esta jugarreta.
El segundo atropello, que semeja a burla, es el relacionado con el aparente apoyo a la causa venezolana, a la búsqueda de la libertad del pueblo venezolanos y la crítica hecha a la dictadura; pero, al mismo tiempo, envía a un alto comisionado de su gobierno a negociar con NMM, lo que el pueblo venezolano percibe como un reconocimiento al usurpador del poder, aunque, se diga que las cosas no son así.
El comisionado norteamericano vino por su gente y se la llevó, nada importó el millar de presos políticos que se mueren de mengua en las cárceles venezolanas, tampoco, importó el asedio a la sede diplomática de Argentina en Venezuela y la tortura a la que están siendo sometidas las personas que se encuentran en dicha sede diplomática, custodiada por Brasil, pero el izquierdista Lula no dice ni hace nada, tampoco, el resto de las delegaciones diplomáticas acreditadas en Venezuela, entonces, lo que observa el pueblo llano, es que no hay tal apoyo de la comunidad internacional. Trump y su alto comisionado lo han dicho con claridad meridiana: “Grenell afirmó que Trump no busca impulsar un cambio de gobierno en Venezuela”. “El enviado para misiones especiales dijo que hay seis o siete estadounidenses que permanecen detenidos en Venezuela, por lo que su trabajo en las conversaciones con Maduro no ha finalizado. No hemos terminado con Venezuela. Tenemos más cosas que hacer. Traté de tener una conversación en la que tuviéramos una relación diferente con él (con Maduro). Estamos muy claros sobre el Gobierno venezolano y Maduro, pero Donald Trump es alguien que no quiere hacer un cambio de gobierno. Él quiere trabajar todo lo que podamos para hacer más fuerte al pueblo estadounidense, más próspero y en eso nos enfocamos ahora, dijo Grenell en entrevista para The Epoch Times”. Entonces, ¿qué es lo que quiere Trump con Venezuela?
Ante declaraciones de este tipo el pueblo de Venezuela no puede tener expectativas de apoyo por parte de la comunidad internacional. El papel no sirve para nada. No ayuda a la causa venezolana los comunicados y declaraciones de organismos y gobiernos internacionales, si lo planteado en los mismos no se concretan en acciones.
Ciertamente el problema político que tenemos los venezolanos es de los venezolanos y nos compete resolverlo con acciones inteligentes que den al traste con el gobierno de facto y su apoyo militar – policial. Y, así lo haremos. “No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”
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