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ELECTO EL ESTABLO PARLAMENTARIO

 ELECTO EL ESTABLO PARLAMENTARIO



Absalón Méndez Cegarra

El título de este artículo no es de nuestra autoría, lo tomamos en préstamo del senador colombiano Jorge Enrique Robledo, quién en sus memorias: “Sin Pelos en la Lengua. Mi vida y mis Luchas” (Edit. Aguilar, 2024), hace una demoledora crítica al parlamento colombiano, del cual formó parte durante 20 años continuos y, por tal situación, conoce como ningún otro parlamentario la vida interior del Poder Legislativo de Colombia.  La crítica del senador Robledo, se hace extensiva a todos los parlamentos del mundo. La similitud del parlamento de Colombia con el parlamento de Venezuela es total. Ninguna diferencia. Al respecto señala Robledo, lo siguiente: “Sobra decir que por mi experiencia y mis estudios sabía muy bien a dónde llegaba. No se me ocultaba que la rama legislativa del poder público, como la llaman los textos de ciencia política, era una de las instituciones más desprestigiadas del país y con serias razones para ser vista de esa manera. Mis lecturas juveniles me habían familiarizado con las características del llamado “establo parlamentario”, una denominación sin duda irrespetuosa, pero que en mucho se ajusta como anillo al dedo al hecho de que, en mayor o menor medida, todos los congresos del mundo, además de estar supeditados a la voluntad de sus respectivos poderes ejecutivos, se rigen por la negociación permanente y sistemática de puestos, contratos, prebendas, sinecuras, desvergüenzas y corruptelas”

Lo anterior es un retrato hecho con palabras del congreso colombiano y, mejor aún, de la Asamblea Nacional venezolana.

En las elecciones fraudulentas e indebidas celebradas el 25 de mayo del año en curso, a las cuales asistió escasamente un 10% del electorado venezolanos, según el padrón electoral de más de veintiún millones de inscritos, fueron electos los diputados que integrarán dentro de siete meses la Asamblea Nacional, en su gran mayoría diputados actuales, reelectos, otros, los menos, recibieron su regalo parlamentario por haberse prestado a acompañar la farsa electoral.

Estos mal llamados parlamentarios no representan a nadie, ni siquiera a ellos mismos, son simples piezas de juguetería, títeres de un teatro manejado por el teatrero mayor. Un espectáculo burlesco con el que se agravia la inteligencia de los venezolanos y se ironiza y agrede al pueblo venezolano.

Identificar a la Asamblea Nacional venezolana y a sus integrantes con un establo, más que insulto, es un elogio, porque ni siquiera llega a eso, a ser el “lugar cubierto donde se encierra al ganado”. Un establo es un lugar decente y se puede permanecer junto al ganado. La Asamblea Nacional, no lo es. En ella huele a azufre para utilizar la expresión de Chávez en un organismo internacional al suceder en el derecho de palabra al presidente de los Estados Unidos. El demonio, el maligno, el diablo, era el propio Chávez y, por supuesto, olía a azufre.

Los parlamentarios electos el 25M califican como un irrespeto al pueblo venezolano. Constituyen una vergüenza nacional. Ojalá nunca lleguen a instalarse y les iría muy bien, pues, de lo contrario, tendrán que salir en tropel en el momento que esa espuria, ilegal e ilegítima Asamblea Nacional sea disuelta para dar paso a un verdadero Poder Legislativo que represente en verdad al pueblo soberano de Venezuela.

Es tal la podredumbre parlamentaria que Jorge Enrique Robledo afirma: “Ojalá algún día en Colombia y en el mundo se establezca como criterio para ser congresista decidirse a llevar una vida austera, porque se prefiera ser un excelente servidor público y eso baste como gratificación, a poseer cada vez más bienes y fortuna. Y que quienes valoren enriquecerse - lo que en economía de mercado es un derecho y puede generar efectos positivos - pues que lo hagan sin resolver sus intereses particulares con los políticos de la sociedad que desean representar y dirigir, porque de ese revoltillo poco positivo puede salir, para el país, por supuesto”

Lo acontecido en el país el 25M es un acto grosero que oscurece a la propia “revolución bolivariana”, para el caso que, en algún momento, hubiese  algo de revolución y del pensamiento político de Simón Bolívar.

El cuento  de “Alí Babá y los cuarenta ladrones” se queda corto para explicar la dinámica de la Asamblea Nacional. En ella hay un Ali Babá que gobierna a un número creciente de borregos, ladrones, sumisos y obedientes, dispuestos a hacer lo que le pidan a cambio de “mermelada”, así llaman en Colombia a las coimas, comisiones  o mordidas; pero, también, de ese recinto maloliente, se gobierna al poder electoral, judicial y ciudadano.

La Asamblea Nacional no es la casa de las leyes. Es la casa de la “corrupción legal”, porque lo que sale de esa Asamblea no son leyes para beneficiar a la sociedad nacional, sino leyes para atropellarla, para la expoliación fiscal, para hacer más pobres a los pobres, para sembrar terror, miedo y amedrentar al pueblo venezolano.

Qué harán los parlamentarios electos durante los siete meses que deberán esperar para ocupar sus curules, sin duda alguna, ordeñar al erario público e ir cuadrando las tropelías que deberán cometer para garantizarse la continuidad de la mermelada.

La “mermelada” es el pasto que deberá comer el ganado que ha llegado por mal camino al establo parlamentario.

El dueño del establo ha anunciado para el 27J comicios para elegir los establos pequeños: alcaldías y concejos municipales. Los borregos han comenzado a preparar sus corrales y a sembrar el pasto que los alimentará.

El 27J, es un día antes del glorioso 28J, a un año de distancia, del día en el  que Venezuela gritó de nuevo su libertad y un usurpador del poder ahogó ese grito;  pero, el grito puede repetirse y con más fuerza. A los diputados electos y a los alcaldes y concejales a elegir, les podemos decir: “no se vistan, que no van”. 

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